Este es el año de la Copa Mundial de Fútbol, y ya se escuchan los gritos de aliento: “¡Sí se puede!” “¡Aguanten que ganamos!” “¡Faltan cinco minutos, tenemos que empatar!” Estas son algunas pocas frases que se repiten cuando se enciende la pasión que solo un deporte puede causar a nivel mundial: el fútbol o balompié, un deporte que despierta sentimientos extremos y termina contagiando a todos.

Desde 1863, cuando se oficializó en Londres, el fútbol ha llegado a ser el primer deporte del mundo. Con casi cuatro mil millones de seguidores, más de 270 millones de practicantes aficionados y 113,000 profesionales registrados es, en verdad, una “pasión de multitudes”.

Y desde aquel lejano 30 de julio de 1930, cuando se realizó el primer campeonato mundial de fútbol, que organizó y ganó Uruguay, cada cuatro años el mundo asiste a una nueva y planetaria fiesta futbolera. En 2022, la sede será Qatar, y la pelota rodará desde el 21 de noviembre hasta el 18 de diciembre. En este lapso, el mundo verá una vez más cómo este deporte convoca y une, propicia reuniones de familiares y amigos, y junta las voces de propios y extraños gritando el mismo gol. En verdad, el fútbol tiene un indiscutible poder de convocatoria. Los sentimientos extremos y los altibajos emocionales que produce se pueden observar en noventa minutos de emociones encontradas.

En el fútbol, la razón se anula y la pasión se desborda. Durante milenios de patriarcado y discriminación de género se determinó que la razón, un instrumento que garantiza el poder, es propiedad del hombre, y lo pasional es propiedad de la mujer. El fútbol se constituye en el terreno donde los hombres que lo aman se permiten las actitudes que definen lo femenino: llorar, sufrir, desgarrarse, ponerse melancólicos, “dejar la garganta y la piel en el grito”.*

En esos noventa minutos se pueden desencadenar desórdenes emocionales que van desde el sufrimiento que produce la pérdida de un campeonato hasta una exacerbada manifestación triunfalista. A veces no se aprecia o no se entiende claramente que el triunfo en este juego depende de una gran cantidad de alternativas tácticas y planteamientos. ¡Se puede ganar o perder con un solo acierto o un simple error!

Arma de dos filos

La pasión que genera este deporte es un arma poderosa para lo bueno y para lo malo, tanto para el espectador como para el jugador. Causa amargura y euforia. Se pueden ver los abrazos entre padres e hijos, y los vecinos que no se hablaban salen juntos a festejar a la calle. En la cancha, algunos se rinden y dan por perdido un partido. Otros jugadores, con los pies lastimados, agotados casi hasta el desmayo, acalambrados, con el último aliento pueden definir un campeonato y gritar la victoria.

También puede ocurrir la empatía entre rivales. En el partido final de la Liga de Campeones de la UEFA de 2001, en que el Bayern Múnich venció al Valencia, cuando finalizó el encuentro, antes de festejar la victoria con su equipo, Oliver Kahn, el arquero del Bayern, fue a consolar a Santiago Cañizares, el arquero rival.

¿Qué podemos aprender del fútbol en la fe cristiana?

Busca a Dios con pasión. Este deporte se vive con pasión. Asimismo, los cristianos no deberían tener temor o vergüenza por apasionarse y dejar correr libremente las emociones ante lo que Cristo realizó en la cruz del Calvario por cada pecador. En el último segundo, cuando todo parecía perdido, Cristo pensó en ti, entregó el aliento a su Padre, y ganó la batalla final contra el pecado que parecía invencible. “Gloriaos en su santo nombre; alégrese el corazón de los que buscan a Jehová. Buscad a Jehová y su poder; buscad su rostro continuamente” (1 Crónicas 16:10, 11).

Aprovecha cada circunstancia. Las circunstancias son distintas para todos, como los terrenos donde se disputan los campeonatos: en algunos hay calor sofocante, falta de aire a causa de la altura, o frío, o nieve. Sin importar las circunstancias, todo futbolista aprende, adquiere experiencia, y mejora su nivel. Así, Dios usa cada situación en nuestra vida para pulir lo mejor de nosotros. Cada día nos rendimos a él y mejoramos nuestra experiencia cristiana. “Estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo” (Filipenses 1:6).

Lee las instrucciones. El juego tiene variantes, hay detalles que deben repasarse, errores técnicos que deben corregirse. No se trata solo de correr detrás de un cuero inflado. Los entrenadores y jugadores deben estudiar, leer el partido, analizar al rival, conocer sus fortalezas y debilidades, y recordar las instrucciones, para no cometer errores. Por eso, en la vida cristiana, como si fuera un hábito de supervivencia, nunca dejes de repasar las instrucciones escritas en la única regla de fe, guía e instrucción: la Biblia. “Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino” (Salmo 119:105).

Obedece al técnico/capitán. El 26 de mayo de 1999, en el partido final de la Liga de Campeones de Europa, el Bayern Múnich ganaba 1–0 al Manchester United. Entonces, Sir Alex Ferguson, el entrenador del Manchester United, protagonizó una de las hazañas más recordadas en la historia del fútbol. En tiempo agregado, hizo dos cambios de jugadores, y Teddy Sheringham empató el partido al minuto 91. Los gritos se escuchaban por toda Europa cuando el noruego Ole Gunnar Solskjaer, al minuto 93, anotó otro gol y concedió la victoria al Manchester United.

La historia de este mundo está en las manos de Jesús. Él es el Técnico, el Capitán y el Dueño del equipo de la fe. Sobre todas las cosas, es Dios omnisciente. No desesperes: parece que el tiempo se acaba, parece que todo está perdido, pero él sabe más. Confía en él. “Corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe” (Hebreos 12:1, 2).

Narra la victoria con pasión. ¿Quieres saber cómo se vive la pasión? Solo tienes que escuchar a un comentarista de fútbol. Muchos de ellos son tan famosos como los jugadores, tienen arte en la voz. La manera como narran el partido hace que los que escuchan, lo vivan como si estuvieran en el estadio.

Como parte del equipo de nuestro Redentor Jesús, tenemos la responsabilidad de narrar lo que sucedió el Viernes de Pascua hace más de 2,000 años, así como la promesa del reencuentro. Jesús dijo a sus discípulos: “Vendré otra vez” (S. Juan 14:3). Llénate de pasión: la historia de este mundo está por terminar, es momento de proceder como los primeros discípulos: “[Hablando] denodadamente en el nombre del Señor” (Hechos 9:29).

La gracia no se mancha

En su partido de despedida, Diego Armando Maradona, uno de los más grandes futbolistas de todos los tiempos, miró al público y dijo: “Yo cometí muchos errores, me equivoqué y pagué, pero la pelota no se mancha”. Quizá tu vida hoy no sea la mejor, te equivocaste, estás pagando, y sientes que para ti se acabó la oportunidad de salvación. Pero la gracia de Cristo no se mancha, el pecado no la puede neutralizar. El perdón y la oportunidad sobreabundan cuando hay alguien como tú, anhelante de ser perdonado. ¡Recibe a Jesús en tu corazón ahora mismo! ¡Tus mejores cinco minutos están por venir! “¡Sí se puede!”

* Eduardo Galeano.

El autor coordina las actividades de ministros cristianos voluntarios en el sur de Florida. Escribe desde Miami, Florida.

El gol de la vida “¡Sí se puede!”

por Walter Castro
  
Tomado de El Centinela®
de Noviembre 2022