Una mañana de enero de 2019 llevé mi auto al taller. Mientras esperaba, mi mamá me envió un mensaje: Mi abuelo agonizaba. él era un hombre madrugador, y, a pesar de tener 98 años, cuando el alba despuntaba, ya estaba despierto y listo para su jornada. Pero esa mañana no se levantó. Mi hermana me cuenta que mi amado anciano gemía, tal vez sabía a lo que se estaba enfrentando. Unos minutos después murió.

No sabemos qué pensamientos tiene una persona cuando afronta la muerte. ¿Cuáles serían los pensamientos que pasaron por la mente de nuestro Señor Jesucristo en el Jardín de Getsemaní?

La agonía en el huerto

Nadie quiere morir, porque la muerte es extraña a nuestra naturaleza. Aunque se albergue algún tipo de esperanza de vida después de la muerte, el dolor producido por el fallecimiento de un ser querido es desgarrador. El misterio de la muerte nos rebasa y abate. Aquella noche en el huerto, el Señor Jesús estaba angustiado. Sabía que en el día de la fiesta de la Pascua sería inmolado en la cruz en sacrificio vicario y expiatorio por la humanidad. La Pascua sería celebrada cuando amaneciera.

El Señor Jesús iba a enfrentarse a un enemigo invicto. Su sufrimiento era indescriptible, al punto que los escritores bíblicos utilizaron diferentes palabras para intentar transmitir lo que sucedía en su mente. San Lucas dice que Jesús sentía “agonía” (S. Lucas 22:44). San Mateo menciona que el Señor estaba “muy triste” (S. Mateo 26:38). No se trataba de cualquier tristeza, sino de una profunda aflicción.

El gran filósofo griego Sócrates tomó la copa de cicuta (planta altamente tóxica oriunda de Europa y el norte de áfrica)1 con la cual fue condenado a morir por traición. Los testigos mencionan que lo hizo de forma serena. Si este hombre bebió el veneno sin temor ni protesta, ¿por qué Jesús agonizaba, si su muerte sería extremadamente benéfica: la solución al problema del pecado? Cristo nunca tembló ni titubeó ante nadie, ni frente a las tormentas ni ante los demonios. Pero ahora, ante la realidad de la muerte, sufría de ansiedad extrema.

Jesús sabía a lo que se enfrentaba, y su corazón se estremecía. La palabra que usa Lucas se asocia con estar “atormentado” o “presionado”. Esa situación lo llevó a sudar sangre. ¿Por qué le angustiaba beber la copa del sacrificio y la muerte? Sócrates no se resistió. ¿Acaso fue mejor y más valiente que Jesús?

El dilema de beber la copa

En la Biblia existen varios significados para copa: castigo (Jeremías 25:15), salvación (Salmo 116:13), sufrimiento (S. Marcos 10:38), gozo (Salmo 23:5). La copa que debía beber Jesús nada tenía que ver con castigo, porque él no era pecador; ni con gozo, porque estaba en angustia. La agonía de Cristo en el huerto de Getsemaní fue decisiva. El destino de la humanidad y su salvación fue decidido en ese lugar. La cruz fue crucial, pero la decisión que tomó Jesús esa noche fue determinante.

Jesús es el único ser humano que nació para morir. Tomó la naturaleza humana “para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte” (Hebreos 2:14). Pero no era el sufrimiento físico o la pérdida de su vida lo que le aterraba, sino el simbolismo de la copa que debía beber. Era la ansiedad de verse separado de su Padre celestial, pues estaba recibiendo la carga de todo el pecado de la humanidad (2 Corintios 5:21), y un Dios santo no convive con el mal.

Por tanto, en ese lugar, bajo la tenue luz de la luna llena y el abrazo frío de la niebla nocturna, el Señor Jesús tuvo una lucha sin igual: beber o no de la copa de sufrimiento y ser rechazado por Dios. él no tenía por qué beber la copa, pues no tenía pecado. La apuró por amor a nosotros, para expiar nuestra culpa.

El lugar se llamaba Getsemaní, una palabra griega tomada del arameo que significa “prensa de aceite”. Se cree que en ese huerto había una prensa donde se obtenía el aceite del fruto de los olivos. Generalmente las aceitunas se presionaban al máximo, hasta sacar la última gota de líquido.2 No fue coincidencia que Jesús también fuera sometido a una gran presión en ese huerto. Emocionalmente, fue exprimido al extremo. Pero al final, cuando Dios el Padre envió un mensajero celestial con palabras de aliento y consuelo (S. Lucas 22:43), el Redentor se levantó fortalecido, seguro de que su Padre aceptaría su sacrificio y que la salvación de los hombres estaría asegurada.

Jesús bebió la copa de la agonía para que ningún ser humano tuviera que beberla. El Espíritu de Dios te invita a que por medio de la Santa Biblia conozcas mejor a tan maravilloso Salvador, ya que de ello depende tu vida eterna (S. Juan 17:3).

1. Encarna Castillo G. et. al, Manual de fitoterapia (Barcelona, España: Elsevier Doyma S. L., 2007), p. 52.

2. Wilton M. Nelson, Diccionario ilustrado de la Biblia (Nashville, Tennessee: HarperCollins Christian Publishing, 1998), p. 34.

El autor es ministro adventista. Escribe desde Barranquilla, Colombia.

El cáliz de Jesús

por Jorge L. González
  
Tomado de El Centinela®
de Noviembre 2020