Es posible que el creyente en Cristo perciba el segundo advenimiento y la vida eterna como una ilusión, y piense que el glorioso acontecimiento pudiera cumplirse o no. En cambio, si alienta la esperanza del segundo advenimiento de Cristo, implica que hay una realidad que se hace posible por la confianza depositada en Dios, en su Palabra y en sus promesas. Entonces se aferra con entusiasmo a la declaración de Jesús: “Ciertamente vengo en breve” (Apocalipsis 22:20), y la esperanza es para su alma como una “ancla firme y segura” (Hebreos 6:19) que lo protege de las tempestades de la tentación y lo previene de ir a la deriva, sin rumbo ni propósito.

Esta certeza se afirma porque quien ha hecho la promesa vive y trabaja para que todo el que crea en él pueda vivir eternamente. El apóstol Pedro dice que la esperanza del cristiano es viva porque su Salvador resucitó y vive para siempre. A todo el que ha creído le asegura que es posible renacer por esta esperanza de una herencia eterna, aun cuando ahora deba sufrir pruebas y aflicciones. Al final de esta senda difícil hay salvación (ver 1 Pedro 1:3-9).

El caso de Israel

La historia de Israel nos recuerda la necesidad de fortalecer nuestra fe. El autor de la Epístola a los Hebreos dice que ellos también tuvieron la promesa de una tierra nueva, pero a muchos no les sirvió porque no creyeron en Dios y en sus promesas, y murieron sin disfrutar del don de Dios (ver Hebreos 4:1-11). Todo el que ha abrazado la fe cristiana debe evitar esa experiencia para no quedarse en el camino al cielo. Es hora de creer y disfrutar de la esperanza en Cristo y su pronto regreso.

Invite a Cristo

Si usted no ha recibido a Cristo como su Salvador, le conviene invitarlo a su corazón, para que pueda disfrutar de su divina presencia, de los dones de su Espíritu y de la vida eterna.

Dos alternativas

Es bueno que quien no disfruta de la esperanza en Cristo ni espera su glorioso advenimiento se pregunte: ¿Cuáles son las alternativas si decido no confiar en Dios, si vivo sembrando dudas en mi mente, y elijo no descansar en la esperanza de la segunda venida de Cristo? ¿Qué opciones hay para el presente y para el futuro? La respuesta es aterradora. Aparte de Cristo y la eternidad, no hay nada alentador ni permanente, nada por lo que valga la pena luchar. En tal caso, la vida se torna infructuosa, desabrida y muy breve. Esta expectativa es deprimente.

Pero gracias a Dios por la esperanza que nos ayuda a enfrentar los sinsabores de esta vida con la seguridad de que muy pronto veremos a Jesús y disfrutaremos la eternidad. Nos conviene afirmarnos en el Señor y en su Palabra, permitiendo que sea el Soberano de nuestra vida.

Cada día, al despertar, digamos a Jesús: “Un día más de preparación para encontrarme contigo, Señor; ayúdame a aprovecharlo”. Y en la noche, oremos: “Un día menos hasta ver tu rostro y abrazarte”.

Oh, sí, ¡Cristo viene pronto! ¡Creamos y esperemos en él!

Confianza

Podemos confiar en el amor y el poder de Dios desplegados en nuestro favor; en la perfecta justicia de Cristo, necesaria para que Dios nos acepte como hijos; y en las promesas bíblicas. Y aunque vivamos arrostrando dificultades, acosados por la tentación, lidiando con defectos y temores, podemos enfrentar el presente y el futuro con fe y esperanza.

El autor es máster en Teología y conferenciante internacional. Escribe desde Burleson, Texas.

Esperanza… no ilusión

por Osvaldo Rigacci
  
Tomado de El Centinela®
de Septiembre 2021