La luz ha sido objeto de curiosidad y de veneración humana desde tiempos remotos. Es una parte integral de la vida física, el conocimiento y la sociedad.

La luz según la ciencia humana

Los griegos la consideraban fuente de vida y de verdad, y fue ampliamente estudiada por Empédocles y Euclides. Ya en ese tiempo se conocían algunas de sus propiedades físicas, si bien sería a partir del Renacimiento que su estudio y aplicación a la vida humana tomarían un impulso verdadero. La invención de la electricidad y la posibilidad de iluminar a voluntad fue otro de los grandes motores de su estudio.

Ya en el siglo XX, la ingeniería óptica y la electrónica se hicieron cargo del desarrollo de numerosas aplicaciones modernas para la luz. De estas evoluciones surgieron tecnologías como el láser, los hologramas, el cine, la fotografía, el fotocopiado y los paneles fotovoltaicos y solares. También se estudió y midió la velocidad de la luz, que es de 300,000 kilómetros por segundo.

La luz como un regalo de Dios

Encontramos la mejor explicación sobre el origen de la luz en la Biblia, la Palabra de Dios, que nos dice que antes de que Dios trajera la luz a este mundo lo que prevalecía era la oscuridad (Génesis 1:1-4). Desde entonces, la Tierra ha estado alumbrada por la luz que Dios creó. Él mismo creó el Sol y lo puso como la lumbrera mayor; además, creó otras fuentes de luz menores, como la Luna y las estrellas (vers. 14-19).

La luz es vida. Sin la luz del sol no habría vida en este mundo, y todo estaría sumido en oscuridad, como era antes de que Dios dijera: “Sea la luz” (vers. 3).

Jesús como la luz verdadera

Jesús mismo se presentó como la luz verdadera de este mundo cuando dijo: “Otra vez Jesús les hablo, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (S. Juan 8:12).

El hecho de que Dios es luz establece un contraste natural con la oscuridad. Si la luz es una metáfora para la justicia y la bondad, entonces la oscuridad simboliza el mal y el pecado. En 1 Juan 1:5 dice que “Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él”; y el versículo 6 dice: “Si decimos que tenemos comunión con él, y andamos en tinieblas, mentimos, y no practicamos la verdad”. Hay que notar que no dice que Dios es una luz, sino que Dios es luz. La luz es parte de su esencia, como lo es el amor: Dios no tiene amor, Dios es amor (1 Juan 4:8). Dios no tiene luz, Dios es la luz verdadera. Y a partir de ello, nos encomienda una misión.

El ser humano como instrumento de luz

Dios, a través del profeta Isaías, nos manda a que seamos luces en este mundo lleno de oscuridad. Nos dice: “Levántate, resplandece, porque ha venido tu luz, y la gloria de Jehová ha nacido sobre ti. Porque he aquí que tinieblas cubrirán la tierra, y oscuridad las naciones; mas sobre ti amanecerá Jehová, y sobre ti será vista su gloria. Y andarán las naciones a tu luz, y los reyes al resplandor de tu nacimiento” (Isaías 60:1-3).

Jesús también nos dijo en San Mateo 5:14 y 15 “Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa”.

¿Estás listo para aceptar la misión y alumbrar al mundo con la luz que Dios te dá?

Ideas de cómo compartir la luz de Dios

Entendemos que Jesús nos encomendó la misión de ser una luz en este mundo oscuro. Por supuesto, solo podemos ser luz si compartimos tiempo con él y aceptamos que transforme nuestra vida y nos haga canales de su luz. Comencemos con las ideas que encontramos en Isaías 58:6 y 7 “Esta es la clase de ayuno que quiero: pongan en libertad a los que están encarcelados injustamente; alivien la carga de los que trabajan para ustedes. Dejen en libertad a los oprimidos y suelten las cadenas que atan a la gente. Compartan su comida con los hambrientos y den refugio a los que no tienen hogar; denles ropa a quienes la necesiten y no se escondan de parientes que precisen su ayuda” (NTV).* En otras palabras, y ampliando el concepto, podríamos cumplir el mandato de Dios de las siguientes maneras:

  • No aprovecharse de quienes trabajan para nosotros o nos ayudan con diversas tareas.
  • Perdonar a quienes nos hicieron mal.
  • Contarles a los demás que confiar en Jesús los libera de las malas decisiones del pasado.
  • Compartir versículos que nos han ayudado a nosotros.
  • Dar comida a quienes nos la piden.
  • Prestar atención a nuestros vecinos, preguntar si o: los podemos ayudar, ofrecerles comida sin que tengan que pedirla.
  • Abrir el hogar a nuestros amigos y a los amigos de nuestros hijos.
  • Regalar la ropa que ya no utilizamos.
  • Brindar ayuda a los parientes, aunque no nos caigan tan bien o pensemos que no merecen nuestra bondad.

¿Se te ocurren más ideas? ¿Qué más podemos hacer para ser luz y compartir el amor de Dios? Toda acción de bondad es una forma de alabar a Dios y reflejar su carácter al mundo.

* La cita marcada con NTV fue tomada de la Santa Biblia, Nueva Traducción Viviente, © Tyndale House Foundation, 2010. Todos los derechos reservados.

El pastor Gregorio Toruño escribe desde Houston, Texas.

La luz

por Gregorio Toruño
  
Tomado de El Centinela®
de Junio 2024