¡El amor de Dios permanece para siempre!

Hace ya milenios, el rey David escribió en uno de sus salmos: “El hombre, como la hierba son sus días; florece como la flor del campo, que pasó el viento por ella, y pereció, y su lugar no la conocerá más” (Salmo 103:15, 16).

“¿Qué hacer con estas ganas de abandonar todo, pastor? ¿Qué hacer con este deseo de morirme? Vivir por inercia, vivir porque sí, ya es estar muerta. Hace ya mucho tiempo que me olvidé de mí”.

Estas fueron las palabras que hace un tiempo pronunció una chica desengañada de la vida. Cuando la visité en su casa, lloraba su drama: “Apenas era una adolescente cuando quedé embarazada. Mi novio me dejó porque había embarazado a otra. Se quedó con la otra. Al año conocí a quien fue mi único esposo. Tuve dos hijos con él. Pero el año pasado se murió en un accidente. Hoy, con 28 años, tengo tres hijos para criar, y ya me siento una anciana. ¿Esto es todo lo que me espera?”

¿Esto es todo lo que nos espera en este mundo? ¡Qué pregunta! ¿Para qué luchar si finalmente solo nos acompaña el dolor y luego llega la muerte? Pero el mismo rey David que compara nuestro paso efímero por este mundo con la flor del campo dice a continuación: “Mas la misericordia de Jehová es desde la eternidad y hasta la eternidad sobre los que le temen, y su justicia sobre los hijos de los hijos” (vers. 17). ¡Qué benditas palabras! ¡El amor de Dios permanece para siempre!

Mil años antes de Cristo, el salmista se refirió a la segunda venida del Señor para reunir a su pueblo: “Vendrá nuestro Dios, y no callará; fuego consumirá delante de él, y tempestad poderosa le rodeará. Convocará a los cielos de arriba, y a la tierra, para juzgar a su pueblo. Juntadme mis santos, los que hicieron conmigo pacto con sacrificio” (Salmos 50:3-5). ¡Aferrémonos a esta esperanza para sobrellevar la fatiga de la vida!

El autor es el editor de El Centinela.

Aferrémonos a la bendita esperanza para sobrellevar la carga de la vida

por Ricardo Bentancur
  
Tomado de El Centinela®
de Febrero 2024