Según cualquier criterio, ya sea religioso o secular, Jesucristo es la persona más influyente de la cultura occidental. Dos milenios después de su vida en la Tierra, dividimos la historia de la humanidad en dos partes: antes de Cristo (a.C.) y después de Cristo (d.C., Anno Domini). A lo largo de los siglos, la ciencia, el arte, la política, la economía y la ética se han visto influenciadas por la religión cristiana.

Nadie discute la existencia histórica de Jesús. Sin embargo, algunos eruditos dudan de que Jesús haya resucitado de entre los muertos y afirman que su legado se limita a sus enseñanzas morales. Basándose en esta duda, sugieren que el cristianismo debería restar importancia o incluso eliminar la doctrina de la resurrección. Describen la historia de la resurrección como un mito creado por los discípulos para afrontar la decepción de la muerte de Jesús a manos de los soldados romanos. Proponen que la historia fue una conspiración tramada por discípulos desesperados cuyo motivo era ocultar la vergüenza de haber seguido a un falso Mesías.

En Semana Santa nuestra atención se centra en la creencia de que Jesús murió por nuestros pecados, resucitó y ascendió al cielo. Los cristianos creemos que, gracias a la resurrección, él puede ofrecer vida eterna a quienes creen en él. Entonces, ¿cómo debemos responder a las afirmaciones de que la resurrección literal de Jesús no ocurrió?

El relato bíblico presenta pruebas convincentes de que la resurrección fue un acontecimiento real, un hecho que marca una enorme diferencia para todo creyente. Analicemos tres objeciones a la resurrección y evaluemos su validez a la luz de las Escrituras.

Objeción 1: El hecho de que la resurrección haya ocurrido literalmente o no, es irrelevante para el cristianismo.

El apóstol Pablo, el escritor más prolífico del Nuevo Testamento, explicó que sin la resurrección de Cristo, la fe cristiana carecería de sentido. “Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe. . . y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados. . . Si en esta vida solamente esperamos en Cristo, somos los más dignos de conmiseración de todos los hombres” (1 Corintios 15:14, 17, 19).

Pablo deja claro que la creencia en una resurrección literal no es opcional para el cristiano. Además, su afirmación no es aislada: numerosos textos de los Evangelios, de los Hechos de los Apóstoles y de las Epístolas se refieren a la resurrección. Para el cristianismo es fundamental. Jesús mismo declaró: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá” (S. Juan 11:25).

Objeción 2: El relato de la resurrección es un mito.

Los estudios demuestran que se necesitan al menos dos generaciones para distorsionar una historia hasta convertirla en un mito. Sin embargo, menos de veinte años después de la muerte de Jesús ya estaban documentados los hechos de su muerte y su resurrección: “Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras” (1 Corintios 15:3, 4).

Esta declaración fue escrita alrededor del año 57 d.C. En una fecha tan temprana, si la historia hubiera sido falsa, habría sido relativamente fácil desmentirla. Los testigos presenciales habrían impedido la difusión de relatos erróneos, y la cercanía histórica con los acontecimientos habría permitido que cualquier inexactitud saliera a la luz.

Objeción 3: La historia de la resurrección fue una conspiración creada por los discípulos de Jesús.

Esta es una de las objeciones más populares, pero varios hechos la invalidan:

Primero, la idea de que el Mesías moriría y resucitaría no formaba parte de la tradición ni de las creencias judías. Ellos esperaban un héroe político y militar que liberaría a los judíos de la ocupación extranjera. Aunque Jesús había predicho su muerte y resurrección, las ideas preconcebidas de los discípulos les impidieron comprenderlo. Por eso se sorprendieron y se desconcertaron al oír el relato de las mujeres sobre la tumba vacía.

Segundo, las mujeres fueron las primeras testigos de la resurrección. En la antigua sociedad judía, los gentiles, los pastores y las mujeres no eran considerados testigos válidos en asuntos legales. Si los discípulos hubieran intentado crear una conspiración, habrían elegido testigos más confiables según los estándares de la época.

Tercero, está la reacción de las autoridades romanas y judías. Si la tumba estaba vacía porque el cuerpo había sido robado, las autoridades habrían descubierto rápidamente la “conspiración”, habrían encontrado el cuerpo y lo habrían exhibido públicamente. Sin embargo, no existe ningún registro, ni romano ni judío, de una investigación para localizar el cuerpo de Jesús ni de un juicio por haberlo robado.

Otro hecho que descarta la conspiración es la transformación de los discípulos. Pasaron de esconderse por miedo a los verdugos de Jesús a convertirse en valientes testigos dispuestos a proclamar a cualquier precio a su Salvador resucitado. Es altamente improbable que arriesgarían la vida por una mentira que ellos mismos hubieran inventado. Todos los discípulos, excepto Juan, fueron ejecutados por negarse a renunciar a la verdad de la resurrección.

También es inexplicable que el cristianismo floreciera si su fundador fue ejecutado y la historia de su resurrección era falsa. Los romanos crucificaron al menos a media docena de líderes judíos que se proclamaban Mesías, y tras sus muertes, sus movimientos desaparecieron rápidamente. Con el cristianismo ocurrió lo contrario: el mismo Imperio Romano que condenó a Jesús terminó abrazando el cristianismo.

La única explicación para el crecimiento del cristianismo es que los discípulos fueron testigos de la resurrección de Jesucristo, transformando no solo sus vidas, sino también las de las generaciones posteriores.

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Durante la Semana Santa muchos celebran la resurrección. Según estadísticas recientes, casi cuatro de cada cinco estadounidenses creen que Jesús resucitó de entre los muertos y se identifican como cristianos. Para quienes la celebran, la resurrección ofrece la promesa de la vida eterna. Proclama que la muerte no tiene la última palabra, sino que la vida eterna espera al creyente.

¿Qué significa para ti la resurrección de Jesús? ¿Transformará la tumba vacía tu vida como transformó a los primeros discípulos, que pasaron del miedo al entusiasmo que revolucionó imperios? ¿Te unirás al escritor bíblico Job al declarar: “Yo sé que mi Redentor vive, y al fin se levantará sobre el polvo” (Job 19:25)?

Cómo afirmar tu fe en la resurrección de Jesús

  • Lee 1 Corintios 15 y subraya las razones bíblicas que fortalecen tu confianza en la resurrección.
  • Habla con Dios sobre tus dudas; exprésalas con sinceridad.
  • Recuerda que los discípulos también dudaron; pide a Dios la misma transformación que ellos vivieron.
  • Revisa los testimonios de los Evangelios y anota qué evidencias históricas te resultan más convincentes.
  • Agradece en oración por la esperanza de vida eterna que la tumba vacía garantiza.
  • Comparte con alguien por qué la resurrección es importante para ti hoy.

Angel H. Hernández es un profesor universitario jubilado. Escribe desde el Valle de Napa, California. Este artículo fue adaptado del original que fue publicado en El Centinela en abril de 2006.

¿Hasta qué punto es real la resurrección?

por Angel Hernández
  
Tomado de El Centinela®
de Abril 2026