La llegada de mi nieto al mundo ha cambiado mi vida. Cuando sé que está en casa apuro mis pasos para verlo, abrazarlo y levantarlo. Cuando abro la puerta y me ve entrar, esa criatura de pocos centímetros de estatura y con solo diez meses de edad “gatea” rápidamente para darme la bienvenida. Cuando finalmente, frente a mí, levanta la cabeza y me sonríe, entonces yo “desciendo” a su mundo y me tiro con él a jugar en la alfombra. Luego lo levanto en mis brazos y lo llevo a pasear por la casa. Imagino lo que siente cuando me mira “desde abajo” y cuando lo ve todo “desde arriba”.
La Semana Santa nos invita a reflexionar sobre el Dios que desciende. No es el héroe que se impone, sino el Siervo que se inclina. No conquista desde arriba; salva desde abajo. ¡Para llevarnos “a su altura”!
Pablo contempla este camino descendente y lo convierte en himno: “Se despojó a sí mismo. . . haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Filipenses 2:7, 8). La cruz no es un accidente trágico; es la decisión deliberada del amor de acompañarnos hasta donde nosotros mismos solemos perdernos.
Por eso, en tiempos de cansancio social, violencia cultural y fracturas personales, la Semana Santa nos recuerda que Dios no nos abandona. No nos mira desde lejos. Se hace “Dios-con-nosotros” en la carne herida, en la angustia del Getsemaní, en la soledad del Calvario. Y desde allí se abre un camino: “Padre, perdónalos” (S. Lucas 23:34). Es el perdón que comienza cuando aceptamos que no nos salvamos solos, que necesitamos al Cristo que se entrega y resucita. Es el perdón, el último motivo para no ser indiferente al amor de Dios.
Hoy, cada uno de nosotros es llamado a encarnar ese mismo movimiento: descender hacia quien sufre, acompañar a quien teme, escuchar a quien calla, sostener a quien tropieza, levantar al caído.
Que al contemplar su entrega y su victoria podamos escuchar su voz, que todavía susurra: “Acepta que descendí a ti para llevarte a las alturas”.
El autor es doctor en Teología, conferenciante internacional, y escribe desde Silver Spring, Maryland.