Al revisar mis archivos, encontré esta historia, y no estoy segura si años atrás publiqué parte de ella en El Centinela. De todos modos, quisiera compartirla ahora con los lectores.

Cuando estudiaba en Miami, conocí a un joven compañero de la clase de Historia. Nos hicimos buenos amigos, y decidí compartir mi fe regalándole una revista El Centinela. Después de leerla, me dijo que los temas que trataba eran muy interesantes, pero que no tenía tiempo para leer otras cosas fuera de sus libros de texto. Me contó que en su país sudamericano vivía su madre de crianza, una mujer muy buena que disfrutaba leer. Me dio su dirección para que le enviara ese ejemplar de El Centinela, y así lo hice.

Mamá Meca, como Guillermo la llamaba, leyó la revista y me contestó enseguida, agradeciendo y pidiendo más ejemplares. “Esta revista realmente tiene páginas de oro”, dijo la señora. Le obsequié una suscripción mediante la Asociación de la Iglesia más cercana al lugar donde ella vivía. Pocos meses después, me comentó que había pedido los tres cursos de La Voz de la Esperanza que la revista ofrecía, y que estaba fascinada estudiando la Biblia con una señora muy amable que representaba la Escuela Radio Postal.

“Estoy preocupada porque leí que Dios no quiere que comamos animales inmundos, y los cerdos entran en la lista. Esto me tiene muy inquieta porque me gano la vida criando cerdos, y la carnicería local me encarga uno cada sábado para vender la carne a los vecinos. Quiero obedecer al Señor, pero no sé qué haría sin mi negocio”, escribió Mamá Meca.

Le sugerí que creyera en las promesas del Señor, como por ejemplo:

“Honra al Señor con tus riquezas. . .

Así tus graneros se llenarán a reventar y tus bodegas rebosarán de vino nuevo” (Proverbios 3:9, 10).

“No tenemos por qué temer que él no cumpla sus promesas. Él es la verdad eterna. . . Las promesas que ha hecho a la iglesia son inquebrantables” (Promesas para los últimos días, p. 41).

El siguiente paso que Mamá Meca dio para honrar a Dios es algo admirable y sorprendente. Si quieren saber lo que ella hizo, no se pierdan la lectura del siguiente número regular de la revista, donde continuará este maravilloso relato.

La autora es consejera matrimonial y conferenciante internacional. Escribe desde Thousand Oaks, California.

Para ti, mujer: Páginas de oro — primera parte

por Ruth Collins
  
Tomado de El Centinela®
de Marzo 2026