Pastor ¿cómo cree usted que yo pueda tratar con bondad a esa persona que me ha hecho tanto mal? Esta es una pregunta que escucho con frecuencia en el momento de impartir orientación durante mi labor ministerial.

Es muy simple definir la bondad desde un diccionario, y argumentar teóricamente que la bondad es la virtud de tener compasión y hacer el bien sin esperar nada a cambio. Pero a la hora de poner en práctica este concepto, se descubre cuán difícil es ser bondadoso con los adversarios o con la gente ruda. El corazón natural se resiste.

En este contexto es pertinente repetir estas preguntas de Jesús: “Si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos? Y si saludáis a vuestros hermanos solamente, ¿qué hacéis de más ¿No hacen también así los gentiles?” (S. Mateo 5:46, 47).

Jesús, la bondad personificada, nos presenta el ideal de bondad, pero aún nos preguntamos: ¿Cómo puedo mostrar bondad hacia aquel que no lo merece?

Pensemos en esta triple respuesta:

Ser bondadosos va en contra de nuestra naturaleza pecaminosa

Por designio de Dios, el hombre fue creado inocente y noble. En perfecta comunión con su Creador, vivía en un ambiente de bondad. Moisés escribió: “Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera” (Génesis 1:31). El primer hombre y la primera mujer no solo estaban rodeados de bondad, sino que ellos mismos eran inherentemente bondadosos y buenos; pero cuando quebrantaron su relación con Dios, la fuente de la bondad, su naturaleza fue trastornada y se tornaron malvados. Por eso Caín mató a su hermano Abel (Génesis 4:8).

Desde entonces, los hombres no pueden manifestar bondad. A causa de su pecado, se tornaron malos “por naturaleza” caída (ver Efesios 2:3), y fueron “destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23). En otras palabras, el ser humano pecador no puede ser bondadoso.

Un solo remedio trae bondad al corazón

En vista de que el hombre no puede hacer el bien por sí mismo, el bondadoso Dios envió a su Hijo Jesucristo a morir en lugar del culpable para restaurarlo (Romanos 5:10), y para devolverle la oportunidad de vivir la experiencia original, una relación de amor con Dios (Efesios 2:13-18). Ahora, mediante el sacrificio de Cristo, el hombre puede volver a amar a su prójimo y ser bondadoso con él. En otras palabras, el sacrificio de Cristo en la cruz no solo salva, sino que habilita el corazón para manifestar bondad, aun en las circunstancias más adversas.

La bondad: fruto del Espíritu Santo

El sacrificio de Cristo nos dio la posibilidad de ser bondadosos de nuevo, pero ¿cómo eso llega a ser posible? He aquí la explicación: Dios el Padre proveyó el Salvador del hombre, su propio Hijo; el Hijo realizó el sacrificio; y el Espíritu Santo aplica los beneficios del sacrificio en el creyente. Primero lo convence de su condición perdida, después lo conduce a Cristo (S. Juan 3:5), y cuando se realiza el bautismo (Hechos 2:38), desciende a habitar en su cuerpo “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?” (1 Corintios 6:19; ver también S. Juan 7:37-39).

Cuando el pecador ejerce fe genuina en Cristo, el Espíritu Santo realiza en su interior una obra de regeneración y transformación. Lo va capacitando para llegar a disfrutar la experiencia de amar y mostrar bondad aun hacia quienes no lo merecen. El apóstol Pablo lo dice así: “Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Seóor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Seóor” (2 Corintios 3:18).

Del mismo modo que el naranjo produce frutos llamados naranjas, el Espíritu Santo produce frutos de santidad en la vida del converso. Esto es lo que el apóstol Pablo llama el fruto del Espíritu (Gálatas 5:22, 23). Se trata de un fruto múltiple en el que se incluye la bondad. Así que la bondad es el resultado, el fruto del que vive en Cristo y es guiado por su Espíritu (Romanos 8:14; Gálatas 5:25).

Conclusión

Si deseas ser bondadoso aun con aquellos que te tratan mal, recuerda que por tus propias fuerzas nunca podrás. Quizá puedas mostrar una apariencia de piedad, pero en tu interior no habrá bondad alguna. La única vía para que experiementes bondad consiste en recibir a Cristo como tu Salvador y al Espíritu Santo como tu Guiador. Entonces, bajo la influencia del divino Espíritu, podrás contemplar cada día a Jesús crucificado (S. Mateo 16:24), y la bondad irá formando parte de tu carácter.

Es posible que el daóo que te infligió tu pareja, tu amigo, tu vecino o tu compaóero de trabajo es tan grande que no puedes tratarlo con bondad, pero si miras hacia el Calvario y escuchas al que dijo, “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (S. Lucas 23:34), tu corazón se ennoblecerá, y podrás ser bondadoso como lo fue Jesús.

El autor es ministro adventista. Escribe desde Salem, Oregón.

¿Bondadosos en toda circunstancia?

por Gerizín de Peña
  
Tomado de El Centinela®
de Septiembre 2018