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Septiembre es el mes en que muchas naciones de América Latina celebran su independencia. ¡Felicitaciones a cada nación hermana! Los grandes movimientos de independencia continúan en nuestros días. Hasta la fecha, Sudán del Sur es el país más joven del planeta: alcanzó la independencia el 9 de julio de 2011. El Departamento de Estado de los Estados Unidos reconoce a 195 países independientes en todo el mundo, incluyendo a Cuba, que fue añadida a esta prestigiosa lista en 2015.*

Con orgullo, las naciones exhiben monumentos a los próceres y héroes que lucharon por su independencia. Lo hacen con un sentido de gratitud histórica, en honor a quienes les dieron libertad.

Lo paradójico es que en pleno siglo XXI, en los llamados países libres, muchas personas muestran las marcas de la esclavitud. Son esclavas del miedo y el odio, de la violencia y el rechazo, de la discriminación, y de inclinaciones y tendencias que parecen indomables. Viven bajo la amenaza de la tragedia y la enfermedad, del dolor y la muerte. Todos somos frágiles e impotentes ante esta realidad. La buena noticia es que en el programa de Dios se incluye el día de la gran independencia para los que creen en Jesús. Porque no se puede ser plenamente feliz sin ser plenamente libres.

El Gran Libertador

Dios se presenta a sí mismo como el Emancipador de su pueblo. él declaró: “Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué. . . de casa de servidumbre” (éxodo 20:2). Nótese que la acción del verbo recae en Dios. La liberación de Israel requirió la intervención directa de Dios, y él lo hizo con mano fuerte y brazo extendido (ver Salmo 136:11-13). La liberación de Israel de la esclavitud de Egipto destaca el carácter de Dios como el Gran Libertador. Esa liberación simboliza la redención de parte de Dios en favor de sus hijos que sufren las inevitables consecuencias del pecado.

Este hecho histórico sirve como modelo y señala hacia un acontecimiento de mayor trascendencia: el día de la independencia de todo el planeta, cuando Jesús regrese por segunda vez en busca de su iglesia redimida, para concluir la tiranía del dolor y de la muerte.

Jesús: esperanza y liberación

En el Nuevo Testamento, Dios continuó con su obra de liberación. Jesús inició su ministerio anunciando libertad a los cautivos (ver S. Lucas 4:18, 19). El sermón de aquel sábado en Nazaret llenó los corazones de esperanza. Ese mensaje se difundió rápidamente por la región, porque Cristo se movía en una cultura marcada profundamente por la esclavitud, la opresión, el rechazo y la pobreza. El pasado de aquel pueblo estaba signado por el fracaso, el presente por la crueldad, y el futuro por la desesperanza. En tal estado de cosas, Jesús inició su ministerio anunciando el “año agradable del Señor”. Esta expresión era conocido para sus oyentes. Dios había ordenado que se guardase el año sabático. La tierra debía descansar cada séptimo año (ver Levítico 25:1-7). En ese año de reposo se liberaba de cargas a los oprimidos, los esclavos salían libres y las deudas eran canceladas. La tierra descansaba, y lo que producía de por sí quedaba para beneficio de los desposeídos (ver éxodo 23:10, 11). Era el jubileo. El año de la alegría.

En ese momento, Jesús se presentó a sí mismo como el Shabbat (descanso), el que había venido a dar reposo al alma quebrantada y al corazón abatido. El Libertador y el día de liberación habían llegado. Jesús recorría las aldeas para escuchar el clamor de los marginados, los oprimidos por el diablo, los enfermos y los menos privilegiados, y luego henchía sus almas de esperanza.

Esas caminatas de Jesús no han terminado. él anda todavía por las calles de tu comunidad y te visita para escuchar el clamor de tu alma, para darte consuelo y paz en medio de tus aflicciones. Jesús concluye su ministerio terrenal con una declaración de independencia: “Consumado es” (S. Juan 19:30). Ese día nuestra independencia quedó asegurada. En el día del advenimiento de Jesús será consumada.

El día de la independencia

¿Cómo podré olvidar el día cuando sepulté a mi madre? Parado a la orilla de su sepulcro, mientras bajaban el ataúd, yo alzaba mis ojos hacia el oriente de donde vendrá Jesús (ver S. Mateo 24:27). Tal es el día de la independencia que anhelamos todos los que hemos sido golpeados por el dolor, la enfermedad y la tragedia.

El Gran Libertador se manifestará con todo su poder para romper las cadenas del sufrimiento y darnos libertad y descanso eterno, de acuerdo a su promesa. él hará “nuevas todas las cosas” (Apocalipsis 21:5). No habrá más enfermedad (ver Isaías 33:24). “Enjugará Dios toda lágrima” (Apocalipsis 21:4). “Y el postrer enemigo que será destruido es la muerte” (1 Corintios 15:26). El imperio de Satanás no será más.

Conclusión

A causa de su ideal libertario, Nelson Mandela estuvo en inmerecido cautiverio durante 27 años. Cada día, a través de los barrotes de su celda, miraba las colinas y soñaba: Un día sería libre y llegaría a ser el presidente de la nación. En 1994 su sueño se tornó en realidad.

Es mi oración que la fe se apodere de tu corazón, y que a través de los barrotes de tus temores y fracasos, de tus dolores y enfermedades, de tus lágrimas y tragedias, puedas anticipar el día de tu independencia, cuando Jesús regrese por ti para llevarte a su reino de gloria. Entonces tu sueño se tornará en realidad.

El autor es doctor en Teología, escritor y conferenciante internacional. Escribe desde San Diego, California.

El Día de la Independencia

por Yohalmo Saravia
  
Tomado de El Centinela®
de Septiembre 2016