Cuando se habla de cambios radicales se acostumbra ejemplificarlos mediante el simbolismo de un giro de 180 grados, lo que nos sitúa en la dirección opuesta a la que originalmente estábamos. Con este pensamiento en mente, analicemos dónde se sitúa la sociedad ante el tabaquismo.

Durante largo tiempo se ha invertido mucho dinero en la lucha contra este flagelo, y la

gran mayoría de la población ha sido informada sobre los daóos del tabaquismo, por lo que tendríamos que estar recogiendo los frutos de esa siembra. Pero las últimas estadísticas e investigaciones sitúan al consumo de tabaco en las mismas cifras que hace veinte aóos; además, los índices de enfermedades debidas a su consumo se han cuadruplicado, sobre todo a expensas de las mujeres y los adolescentes. Es triste reconocerlo, pero el tabaquismo permanece como la primera causa de muerte prevenible en el mundo.

El e-cigar

Actualmente, hay otra modalidad de fumar: el cigarrillo electrónico o e-cigar. Presentado por H. A. Gilbert en 1967, quedó en el olvido hasta que el farmacéutico chino Hon Lik patentó el primero de su especie con nicotina en 2003.1 Desde entonces, su comercialización ha alcanzado dimensiones mundiales. Las encuestas revelan un aumento del 75 por ciento en su uso por parte de los estudiantes de secundaria en solo un aóo.2 Se han realizado algunos estudios sobre el vapeo (nombre por el que se conoce el acto de fumar en estos artefactos) y la salud del consumidor, con argumentos a favor y en contra. Todos los estudios parten de la misma base: fumar es la principal causa de muerte y discapacidad prevenible.

Los estudios han mostrado que los e-cigar son más populares que las terapias de reemplazo de nicotina (TRN) cuando se pretende abandonar la adicción al tabaco. Su contraparte es que no hay un procedimiento estandarizado para su fabricación, lo que los torna más peligrosos que las TRN.3 También se ha observado que el uso de los e-cigars ha abierto la puerta al tabaquismo común entre adolescentes y jóvenes. Otro hecho que alarma a las autoridades es que muchos los están usando para vapear marihuana, sin que se detecte el olor característico de su combustión, lo que, si fuera detectado, no representaría un problema legal en los estados en que el consumo de esta droga ha sido autorizado, pero sí en los que está prohibido.

La Food and Drug Administration (FDA), a través de Scott Gottlieb, en su discurso del 28 de julio de 2017, propuso que haya una regulación respecto a la nicotina, ya que se ha encontrado que en la gran mayoría de estos cigarrillos electrónicos, la dosis de nicotina que recibe el fumador es mayor que la que recibe a través del cigarrillo convencional, con los efectos secundarios que conlleva. En consecuencia, no hay un verdadero abandono del hábito sino una sustitución de modalidades de consumo, y con el tiempo, los usuarios vuelven a los cigarrillos normales.

La Sociedad Espaóola de Neumología y Cirugía Torácica afirma que los e-cigars pueden causar los mismos cambios en los pulmones que un cigarrillo común. En 2014, en el Complejo Hospitalario Universitario de La Coruóa, se diagnosticó el primer caso de neumonía lipoidea asociada al vapeo. En los Estados Unidos, en 2009, la FDA alertó acerca de la presencia de nitrosaminas (agentes cancerígenos) y otras sustancias tóxicas como formaldehído, acetaldehído, metales pesados como cromo y plomo, en el líquido que se usa en los e-cigars. El diacetil, usado como saborizante, al ser inhalado causa graves problemas pulmonares.

Es importante tener en cuenta estudios como el reportado por la revista Annals of Internal Medicine, responsabilidad de la Universidad de Londres, de febrero 2017, que informa acerca de una menor cantidad de sustancias cancerígenas halladas en la saliva y orina de quienes vapean. No dice ausencia, sino una menor cantidad, por lo tanto, el riesgo de cánceres de distinta índole está igualmente presente para estos fumadores del nuevo estilo. Esta misma entidad británica indicó más recientemente que los pacientes que estuvieron hospitalizados por problemas relacionados al tabaquismo tuvieron, seis meses después, una mayor probabilidad del abandono del mismo que aquellos que recurrieron al cigarrillo electrónico procurando alcanzar la misma meta. Esto echa por tierra las especulaciones realizadas en sentido contrario.

En 2017, en el Congreso Internacional de la Sociedad Respiratoria Europea, las evidencias mostraron un aumento de la rigidez de las arterias, presión arterial y frecuencia cardíaca, con los serios problemas cardiovasculares que esto acarrea, en los usuarios del e-cigar.

Estos datos fueron avalados por la publicación médica Vascular Medicine de este aóo, que muestra cómo los resultados de estudios indican el mismo riesgo cardiovascular para fumadores convencionales que para los usuarios de la modalidad electrónica.4

La Universidad de Carolina del Norte advierte en su publicación el aumento descontrolado en neutrófilos por parte del sistema inmunitario. Esto se traduce en un aumento de las probabilidades de padecer enfermedades pulmonares inflamatorias como la enfermedad pulmonar obstructiva crónica. Si le sumamos que la secreción mucosa no desaparece por el uso de estos cigarrillos, llegamos a un incremento de la bronquitis crónica y ataques de asma.

En la Reunión Anual de la Sociedad de Endocrinología de este aóo, en Chicago, se presentaron los resultados de estudios previos donde se muestra un aumento de la acumulación de grasa en el hígado en estos fumadores “modernos”.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) no considera que el e-cigar sea un tratamiento legítimo para quienes procuran dejar de fumar, e insta a los fabricantes a dejar de reivindicar efectos terapéuticos que no han sido demostrados. Las pruebas hablan por sí solas; ahora te toca a ti decidir: salud o no salud. Esa es la cuestión.

Fármacos y estilo de vida para dejar el e-cigar

“[Para ayudar a los jóvenes a dejar el e-cigar] contamos con tres tipos de medicamentos para apoyarlos: terapias de reemplazo de nicotina, como los parches, la vareniclina y el bupropión, acompaóados de sesiones psicológicas de tipo conductual para cambiar las ideas sobre el hecho de que fumar relaja, permite concentrarse o nos hace ver interesantes”.

Estas medidas, aunadas a una buena alimentación, actividad física y un cambio de estilo de vida, han reportado buenos resultados, afirmó Guadalupe Ponciano Rodríguez, académica de la Facultad de Medicina de la UNAM en el periódico Palacio.*

1. David Nguyen y Gail Aamodt, “Electronic Cigarettes the Past, Present and Future”, Dentalcare, consultado en marzo 2019 en https://www.dentalcare.com/en-us/professional-education/ce-courses/ce451/the-history-of-e-cigarettes.

2. “Uso de cigarrillos electrónicos entre los jóvenes y adultos jóvenes”, Dirección General de Servicios de Salud, consultado en marzo 2019 en https://e-cigarettes.surgeongeneral.gov/documents/SGR16_Spanish%20Fact%20Sheet.PDF

3. David Nguyen y Gail Aamodt.

4. Azucena Martín “Cigarrillos electrónicos: cuando el marketing pone en peligro la salud”, Hipertextual, 21 octubre 2018, en https://hipertextual.com/2018/10/cigarrillos-electronicos-marketing.

La autora es graduada en Medicina de la Universidad Nacional del Uruguay.

¿360 grados y no 180?

por Alba Reyes
  
Tomado de El Centinela®
de Junio 2019