Las multitudes circulan sin rumbo y dirección, procurando hallar una verdad confiable. Con tristeza observamos a gobernantes y celebridades, y aun a dirigentes religiosos, carentes de credibilidad. Cada uno construye su sistema de valores a la medida de sus deseos y objetivos. Por eso es necesario acceder a una fuente confiable de principios y directrices. Le presento esa fuente: la Santa Biblia, la Palabra de Dios.

El apóstol Pedro escribió: “Tenemos también la palabra profética mas segura, a la que hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca” (2 Pedro 1:19). En estos días oscuros e inciertos, la Biblia se destaca como el fundamento y la plataforma sobre la que podemos afirmarnos y permanecer en pie hasta la venida del Señor en gloria y majestad.

En primer lugar, la Biblia es una plataforma segura porque es la Palabra de Dios. En el libro de Apocalipsis Jesús es identificado así: “Estaba vestido de una ropa teñida en sangre, y su nombre es: EL VERBO DE DIOS” (Apocalipsis 19:13). Además, la Biblia es fidedigna y confiable, porque alumbra y esclarece el camino de la vida. “Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino” (Salmo 119:105). Se destaca como fundamento de la verdad porque permanece para siempre. El paso del tiempo no descalifica ni desacredita la validez soberana de la palabra del Omnipotente. “Para siempre, oh Jehová, permanece tu palabra en los cielos” (Salmo 119:89).

El Señor Jesús advirtió a sus seguidores respecto a uno de los grandes peligros de los últimos días. “Jesús les dijo: Mirad que nadie os engañe. Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo, y a muchos engañarán. . . y muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán a muchos” (S. Mateo 24:4, 5, 11). Y así es: la falsedad prevalece en todos los ámbitos. Hace miles de años, Isaías describió el estado del decadente pueblo judío, y de nuestra civilización. “El derecho se retiró, y la justicia se puso lejos; porque la verdad tropezó en la plaza, y la equidad no pudo venir” (Isaías 59:14).

La Palabra del Hijo

La Biblia se fue formando al paso de los siglos. Durante mucho tiempo Dios habló mediante los profetas, pero en los tiempos de los evangelios nos habló directamente por medio de su Hijo. “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo” (Hebreos 1:1, 2). Después de vivir en este mundo, antes de volver al cielo, Jesús nos dio el Espíritu Santo (ver S. Juan 14:16, 26). Así que cuando usted abre la Sagrada Biblia, puede oír la voz de Dios y comprender su mensaje mediante el ministerio del Espíritu Santo. Al andar en la luz de su Palabra, cada vez advertimos mejor nuestra gran deficiencia y nuestra enorme necesidad de Dios.

Hace tiempo leí esta anécdota: Un hombre se vistió de gala para asistir a una fiesta importante. El hombre vivía en el centro de una gran ciudad y la noche era oscura y lluviosa. Salió de su apartamento rumbo a la fiesta anticipando la alegría de la velada. De repente pasó un auto por la calle y lo salpicó. A la mortecina luz del alumbrado público, se detuvo a revisar su traje. Le pareció que no estaba manchado y siguió su camino. Más adelante, ante una lámpara de mayor potencia, volvió a detenerse para revisar su atuendo, y ahora pudo ver que estaba más manchado de lo que había pensado, pero no quiso perderse la fiesta. Muy cerca del salón adonde iba, se ubicó directamente debajo de la lámpara de la calle, y advirtió que su ropa estaba muy enlodada, así que se dio vuelta y regresó a su apartamento para cambiarse de ropa.

La Palabra de Dios también tiene poder iluminador. A su luz, podemos ver la belleza del carácter de Cristo y la fealdad del nuestro, y reconocer nuestra gran necesidad del Espíritu Santo para que nos purifique, pues nosotros no podemos. ¡Oh, cuánto amo estas palabras de Jesús: “Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad” (S. Juan 17:17)!

Al paso del tiempo, he reconocido que no existe una salvaguardia más segura que la Biblia. Contiene dirección pertinente para resolver cada dilema, instrucciones para normar mi relación con Dios, principios de salud, mandamientos sobre las relaciones matrimoniales y familiares, principios éticos, valores morales y consejos sobre la vida práctica y cívica.

Una autora renombrada escribió: “Cristo invita a su pueblo a creer en su Palabra y a ponerla en práctica. Los que la reciban y la asimilen, haciéndola participar en cada una de sus acciones y en cada rasgo de su carácter, se harán fuertes en la fortaleza de Dios. Será evidente que su fe es de origen divino. No irán errantes por caminos extraños”.*

Si desea una vida plena, procure leer la Palabra de Dios. él ha depositado en ella la sabiduría de la eternidad. Su vida mejorará tanto que sus familiares y sus conocidos podrán reconocer el cambio, y alabarán a Dios, el Autor de las Escrituras.

* Elena G. de White, Testimonios para la iglesia, t. 8 (Miami: Asociación Publicadora Interamericana, 1998), pp. 314, 315.

El autor es dirigente de las iglesias adventistas de habla hispana en Texas.

La Biblia, fundamento de la verdad

por Carlos Criag
  
Tomado de El Centinela®
de Abril 2018