Qué sigue?” Es una pregunta que tuvo como objetivo describir las difíciles condiciones económicas después de la crisis financiera de 2008 en los Estados Unidos, y las duras consecuencias en la recesión global que se prolongó desde entonces hasta 2012. Con una frecuencia no grata, esta pregunta cobra nueva pertinencia, aunque en otros contextos de la experiencia humana.

El nuevo normal

Hoy leemos en los titulares de las cadenas de noticias más importantes: “¿Son los tiroteos escolares el nuevo normal?” (Chicago Tribune); “La guerra sin fin es el nuevo normal” (National Review); “Las alertas de misiles de Corea del Norte son ahora el nuevo normal en Japón” (Time); “Kevin Mitnick, un hacker legal, advierte de ‘el nuevo normal’” (Houston Chronicle) “La desinformación es el nuevo normal en los disparos masivos” (Político) “El jefe de la ONU advierte que las tormentas extremas serán ‘el nuevo normal’” (CBS News); “Un triste, nuevo normal” (HuffPost); “¿El nuevo normal de California? Aún más calor, incendios, sequías e inundaciones intensas” (Sacramento Bee); por citar algunos.

A pesar de los avances en la ciencia, la tecnología y los derechos humanos, deberemos acostumbrarnos a realidades cotidianas tristes que en otro tiempo eran anormales.

Los actos inexplicables de violencia masiva, las tensiones étnicas y sociopolíticas, la posibilidad de un conflicto bélico de grandes proporciones, los frecuentes e inesperados cambios en el clima, la fragilidad de la economía, la crisis en la educación, el incremento de casos de enfermedades prevenibles así como el aumento de trastornos emocionales en niños y jóvenes nos obligan a preguntarnos: ¿Qué significa todo esto? ¿Hacia dónde vamos?

¿Quién tiene la respuesta?

Las respuestas pueden ser diversas. Habrá algún fatalista que asegure que el hombre se encuentra en un viaje sin retorno hacia la extinción voluntaria. Alguien más dirá que nos encontramos en proceso de constante evolución y que nos adaptaremos a las nuevas condiciones naturales y sociales. Algún optimista predecirá que el ser humano encontrará la forma de unirse y organizarse para forjar un futuro mejor. Habrá un sinfín más de especulaciones, interpretaciones y teorías intermedias. En algún lugar, dentro de todas ellas, se encuentra la verdad. Alguien debe tener la razón, pero ¿quién?

Jesús dijo a sus seguidores: “Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (S. Juan 8:32). La ignorancia es capaz de entumecer la mente y destruir el ser (Oseas 4:6). Hace dos milenios, Mateo registró las palabras de Jesucristo pronunciadas en su famoso “discurso del tiempo del fin”. Allí, luego de hacer referencia a los grandes fenómenos naturales y sociales de los que somos testigos hoy, advirtió mediante esta metáfora: “De la higuera aprended la parábola: Cuando ya su rama está tierna, y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca. Así también vosotros, cuando veáis todas estas cosas, conoced que está cerca, a las puertas” (S. Mateo 24:32, 33). Así es: Como las señales en la carretera que nos anuncian la proximidad de nuestro destino, tales fenómenos nos anuncian la proximidad de algo portentoso que está a las puertas.

Como si se refiriera a los eventos de los últimos meses, Jesús predijo: “Oiréis de guerras y rumores de guerras. . . Se levantará nación contra nación y reino contra reino; y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares”, y como si nos dotara de gafas para ver el futuro, recomendó: “Mirad que no os turbéis, porque es necesario que todo esto acontezca” (S. Mateo 24:6, 7). Y agregó “Unos a otros se aborrecerán. . . y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará” (vers. 10, 12). Con respecto a la confusión en temas espirituales y de religión, también dijo: “Se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos” (vers. 24). Así es. El nuevo normal estaba predicho desde hace casi dos milenios. Los fenómenos naturales, las tensiones políticas y sociales, las crisis humanitarias y la condición moral de la sociedad fueron predichas como indicadores de un maravilloso acontecimiento. Durante varios siglos hemos estado advertidos. Jesús dijo a sus discípulos, al prepararlos para los eventos inmediatos por los que pasarían: “Desde ahora os lo digo antes que suceda, para que cuando suceda, creáis” (S. Juan 13:19). Estas palabras también pueden aplicarse a nuestro tiempo.

¿Qué sigue?

Jesucristo dijo: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (S. Mateo 11:28). Por más caótico que el mundo se vaya tornando, los planes de Dios siguen en curso. Nada hará Dios sin hacérnoslo saber primero (ver Amós 3:7). Por eso, antes de dejar a sus discípulos, y sin definir fecha alguna (ver S. Mateo 24:36), Jesús los animó: “No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. . . Voy, pues, a preparar lugar para vosotros. . . Vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis” (S. Juan 14:1- 3). Será un acontecimiento público, mundial y sobrenatural. “Todo ojo lo verá” (Apocalipsis 1:7; S. Mateo 24:26, 27). Todos estos eventos que redefinen diariamente el nuevo normal son indicadores que evidencian la cercanía del supremo acontecimiento, el retorno de Cristo en gloria.

La Biblia dice que Jesucristo “enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro” (S. Mateo 24:31). El apóstol Pablo lo describe así: “El Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor” (1 Tesalonicenses 4:16, 17).

Quien estudia a conciencia las Escrituras y pone en práctica sus enseñanzas (Josué 1:8) tiene las herramientas necesarias para entender e interpretar los sucesos que hoy asaltan la atención. Así como sabemos que “va a hacer mal tiempo, porque el cielo está rojo y nublado” (S. Mateo 16:3, DHH),* al observar las “señales de los tiempos” predichas en las Escrituras también sabemos “perfectamente que el día del Señor vendrá” (1 Tesalonicenses 5:2). El Nuevo Testamento menciona por lo menos 250 veces la segunda venida de Jesucristo, el acontecimiento que pondrá fin al sufrimiento y dará comienzo a la vida eterna. Y los redimidos “reinarán por los siglos de los siglos” (Apocalipsis 22:5).

A la luz de la Biblia, toda esta conmoción natural, política, económica, religiosa y social, más que ansiedad, nos debe infundir tranquilidad al saber que estamos en el umbral de la segunda venida de Jesucristo, quien establecerá un reino cuyo dominio será “dominio eterno, que nunca pasará” (Daniel 7:14).

* La cita bíblica marcada con DHH ha sido tomada de la Santa Biblia, versión Dios Habla Hoy, 3a edición © Sociedades Bíblicas Unidas, 1996. Utilizado con permiso.

El autor es ministro adventista. Escribe desde Keene, Texas.

¿Qué sigue?

por Ismael A. Castillo Harper
  
Tomado de El Centinela®
de Enero 2018