Antes, la hora de cenar era sagrada. Era la ocasión cuando las familias tomaban tiempo para hablar de todo lo que había pasado en el día; había comunión, calor humano. Pero hoy, a la hora de cenar, si es que cenamos juntos, la niña está ocupada con su tableta, el niño con su vídeojuego, mordisqueando algo en la sala, la jovencita intercambia textos con sus amiguitas, el padre, atrasado en el uso de la tecnología, se encuentra leyendo el periódico o viendo las noticias en la televisión, y la madre sirve la comida con el teléfono en la oreja. ¡Oh contradicción! Nos relacionamos más con quienes están lejos que con quienes viven bajo nuestro techo.

No pretendo acusar a la tecnología o la Internet de los males sociales, pues las cosas no tienen calidad moral, pero sí quiero señalar los efectos de su mal uso. Es como el dinero, que no es bueno ni malo, pero si un drogadicto utiliza el dinero para comprar sustancias nocivas para la salud, le está dando un mal uso. La misma cantidad en manos de un filántropo o un predicador que compra biblias tiene otro valor. Así son las redes sociales. Si se intercambian mensajes e imágenes inmorales, son dañinas, pero si se comparte el bien, son valiosas.

Un medio de estímulo

Abundan las personas que controlan el manejo de la información y su contenido. Además, las redes sociales son un fuerte medio de estímulo sensorial para los apetitos carnales propios de la naturaleza caída. Cada palabra, cada foto, cada vídeo y cada comentario inmoral se puede convertir en una bomba que en cualquier momento estallará. Considero a las redes sociales como un nuevo árbol de la ciencia del bien y del mal. El nombre de “redes”, que da la idea de conexión, armoniza con la idea de riesgo, pues pueden enredar a los incautos o degradados al grado de controlar su vocabulario, determinar su vestimenta y definir sus relaciones.

Un medio de contagio

Nicholas A. Christakis y James H. Fowler, expertos en la materia, en su libro Conectados afirman: “Si formar parte de las redes sociales nos afecta y también afecta a otras personas que se relacionan con nosotros mediante lazos muy estrechos, es evidente que perdemos cierto poder sobre nuestras relaciones”.

Ya no hay que pararse con un cartelón para protestar frente a un edificio de gobierno, ya que con solo divulgarlo en las redes sociales, en poco segundos usted conseguirá decenas de personas con sus mismos sentimientos. Las redes sociales son un medio de contagio. Christakis, Fowler y otros le llaman a esto “la ola”, porque los amigos, los amigos de los amigos, y los amigos de los amigos de los amigos se van a encargar de divulgarlo. Si se trata de conceptos y actividades nobles, es conveniente, pero si se trata de calumnias, videos pornográficos o ideas satánicas, es ponzoña para la mente y peligro para la sociedad.

Luego de varios estudios realizados por expertos, se concluyó que la risa, la tristeza, la obesidad, el odio, la alegría y otras manifestaciones de la conducta se contagian mediante las redes sociales.

No se habla mucho de cómo Job, el patriarca bíblico, alcanzó un nivel superior de espiritualidad, pero la Biblia registra estas palabras suyas: “Hice un pacto con mis ojos, de no mirar con codicia sexual a ninguna joven” (Job 31:1, NTV).*

Hay que estar muy bien conectado a la fuente de moral, la Escritura sagrada, y en buena relación con Dios, cada vez que entremos en cualquiera de las plataformas de la redes sociales. Estos consejos pueden ayudar en ese propósito:

  • Tener un filtro de las personas que podemos aceptar como amigos.
  • Compartir con su cónyuge su contraseña. Mantener la comunicación abierta.
  • No comentar, ni dar “Like” a nada que no le agrade al Señor Jesús.
  • Mantener una conversación decente mediante cualquier plataforma.
  • Evitar conversaciones frecuentes con personas del sexo opuesto que no sean su cónyuge o su familiar cercano.
  • Cerrar la puerta a la tentación y a la lujuria.
  • Reforzar la relación matrimonial o de noviazgo.

San Pablo dio este consejo a un joven ministro llamado Timoteo: “Huye de todo lo que estimule las pasiones juveniles” (2 Timoteo 2:22).

Si San Pablo y Timoteo hubiesen vivido en estos tiempos, el consejo habría sido redactado así: “Huye de las redes sociales que estimulan fuertemente las pasiones juveniles”.

Bastan tres segundos de contemplación de una imagen pornográfica para caer en la tentación. Por eso el apóstol le urge a su discípulo, “huye”, como lo hizo José el soñador, quien se alejó de la tentadora mujer de Potifar en Egipto (ver Génesis 39:6-12). Además, el apóstol le recomienda: “Disfruta del compañerismo de los que invocan al Sénor con un corazón puro”, es decir, que sean espirituales (2 Timoteo 2:22).

La relación entre las redes sociales y la vida piadosa suele ser inversamente proporcional. Mientras más tiempo le dedica a las redes sociales, menos espiritual será el usuario, y menos fuerza tendrá ante la tentación.

Procuremos conversar con Dios mediante la oración y utilicemos las redes sociales para esparcir el bien.

* Las citas bíblicas han sido tomadas de la Santa Biblia, Nueva Traducción Viviente, © Tyndale House Foundation, 2010. Todos los derechos reservados.

El autor es ministro cristiano y consejero profesional. Escribe desde Seattle, Washington.

El poder de las redes sociales

por Felipe Andino
  
Tomado de El Centinela®
de Enero 2017